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Artículos, reflexiones

Tao Yuanming, ‘La fuente del jardín de los melocotoneros’

Este artículo es una traducción (indirecta, del inglés) de un texto clásico, La fuente del jardín de los melocotoneros, del poeta chino Tao Yuanming (365? – 427).

Tao Yuanming

Tao Yuanming fue marcadamente influenciado por las corrientes neotaoístas que, junto al budismo, se alzaban como alternativa espiritual en la China de los siglos III y IV, frente al declive del confucianismo en esa época. El poeta Tao Yuanming, también conocido como Maestro de los Cinco Sauces, proclamó un taoísmo alegre y despreocupado que ejemplificó con su forma de vida y retrató en sus bucólicos poemas.

La imagen de Tao Yuanming es recordada como la de un poeta que vivía apartado del mundo en una granja entre montañas, donde disfrutaba de las vistas a la par que cultivaba sus propios alimentos. Sin embargo, su figura no se corresponde con la del eremita solitario que se aísla del exterior con la única compañía de sus deidades religiosas y la única distracción de la meditación; más bien al contrario, el poeta nunca tuvo reparo en admitir su gusto por el vino, la buena compañía y la música.

El gozo vital y el desenfado, así como la contemplación de la belleza natural, conforman los pilares de su particular concepción de la existencia humana, la cual, como anunciábamos al principio de este artículo, se pone de manifiesto en La fuente del jardín de los melocotoneros. En este breve texto en prosa, el poeta narra el descubrimiento de un jardín maravilloso donde la gente vive en comunidad sin exigencias políticas, conflictos bélicos ni jerarquías sociales.

Tal es la utopía que les invito a leer tranquilamente, imaginando y paladeando el deleite de vivir en el jardín de los melocotoneros.

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La fuente del jardín de los melocotoneros

Durante la era Taiyuan de la dinastía Jin[1], había un hombre de Wuling[2] que se ganaba la vida como pescador. En una ocasión, mientras seguía la corriente del río, no se percató de lo lejos que había llegado. Inesperadamente llegó a un jardín de melocotoneros en flor, que ocupaba algunos cientos de pies a ambos lados de la orilla y no contaba con ningún otro tipo de árbol. Los pétalos de las resplandecientes y perfumadas flores caían profusamente por todos lados. Juzgándolo como un lugar fuera de lo común, el pescador siguió avanzando para ver cuán lejos llegaba.

Los melocotoneros desaparecieron en el nacimiento del río, donde el pescador se encontró frente una montaña con una pequeña abertura, a través de la cual parecía verse luz. Dejó su barca y entró en la abertura. Al principio era estrecha y le costó pasar, pero después de haber avanzado un poco esta se abrió repentinamente, dando paso a un área extensa y llana en la que había casas imponentes, tierras fértiles, hermosos estanques, moreras, bambú y cosas semejantes. El pescador vio caminos que se extendían en todas las direcciones a través de los campos, y pudo escuchar los sonidos de las gallinas y los perros. Los hombres y mujeres que trabajaban en el campo parecían vestir ropajes de otras tierras extranjeras. Mayores y niños parecían felices, disfrutando por su cuenta.

La gente estaba fascinada por ver al pescador, y le preguntaron de dónde había venido. Él se lo contó en detalle; entonces lo invitaron a sus casas, sacaron vino, sacrificaron una gallina y prepararon un festín. Algunos otros aldeanos oyeron hablar del pescador y fueron a hacerle preguntas. Entonces los aldeanos le dijeron: «para evitar el caos de la guerra durante la dinastía Qin [3], nuestros ancestros condujeron a sus familias y vecinos a este lugar alejado y jamás lo abandonaron, por lo que no hemos tenido contacto con el mundo exterior.»

Le preguntaron al pescador cuál era el reinado actual. No habían sido conscientes de la dinastía Han[4], y mucho menos de las dinastías Wei[5] y Jin[6]. El pescador les relató detalladamente todo lo que sabía y los aldeanos suspiraron, fascinados. Entonces, otros aldeanos volvieron a invitar al pescador a sus casas, donde le dieron comida y bebida. Después de pasar varios días allí, el pescador anunció su despedida, ante lo cual algunos aldeanos le dijeron: «no sería bueno que le hablaras a la gente del exterior acerca de nosotros.»

El pescador atravesó la abertura, encontró su barca y reemprendió su ruta mientras dejaba marcas para encontrar nuevamente aquel lugar. Cuando llegó a la ciudad de la provincia, se dirigió al prefecto y le relató lo que le había ocurrido. Inmediatamente, el prefecto mandó a una persona que siguiera al pescador y buscara las marcas, pero se perdieron y nunca encontraron el camino.

Liu Ziji[7], de Nanyang[8], era una persona de noble carácter. Cuando escuchó esta historia se alegró y planeó visitar el lugar, pero murió a causa de una enfermedad antes de que pudiera realizar el viaje. Después de eso nadie ha vuelto a buscar ese lugar.

Notas

[1] El relato hace referencia a la dinastía Jin Oriental, 317 – 420 d.C. En concreto, la era Taiyuan de dicha dinastía comprendió los años 376 – 396 d.C.

[2] En la actual Hunan.

[3] La dinastía Qin comprendió los años 221-206a.C.

[4] La dinastía Han comprendió los años 206a.C. – 220d.C

[5] Dinastía Wei, perteneciente al reino del mismo nombre, comprendió los años 220d.C. – 265d.C.

[6] La dinastía Jin se divide en la dinastía Jin Occidental (264 – 316d.C.) y en la dinastía Jin Oriental (317 – 420d.C.)

[7] Un sabio retirado, perteneciente a la dinastía Jin.

[8] En la actual Henán.

Fuentes

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