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Entrevista a Paula Aparicio Cejudo, autora de ‘Lítost o fluir…’

Bienvenida a nuestro taller de las letras, Paula. ¿Con qué canción quieres acompañar esta entrevista?

R.: Aunque nada más pensarlo lo tenía claro, al abrir el reproductor y salirme juntas las dos canciones que más significan para mí… ¡Me asaltan las dudas!

Pero me decanto por Darkside del grupo francés Dionysos, que si habéis leído el libro (y si no deberíais ejem ejem) tanto el grupo como su vocalista están muy presentes.

Mención especial a A mí de Dual TOD, que recomiendo escuchar.

Pues vamos allá. De las cosas que más llaman la atención de tu poemario es la concepción de la poesía como un viaje hacia la sanación, como una metamorfosis interna de la «hiel» en «miel». ¿Es terapéutica tu escritura? ¿Cómo se integran el criterio estético y el criterio psicoterapéutico? Es más (por pinchar un poquito, ya que hablamos entre psicólogos): ¿cabría hablar de tus poemas como una especie de “arteterapia”?

R.: Tengo la sensación de que me voy a enrollar muchísimo y me voy a explicar fatal, pero al menos lo voy a intentar.

Para mí escribir no es al cien por ciento una terapia como tal, aunque sí tiene esa parte, que algunos buscamos al acudir a un profesional, de liberar pensamientos y sentimientos intrusivos y que de alguna manera hasta cojan una forma semi-coherente.

Respecto a la integración de estética y sentimiento… Mi proceso creativo no existe, entonces esta integración como tal, tampoco. Al ser pensamientos sueltos que solo, digamos, explotan en palabras “poéticas”, ya me viene dada esta relación entre lo que puede ser bonito y lo que puede, de alguna manera, ayudar. Quizá suene un poco raro, pero a mí me nacen ideas, palabras que se encadenan y de ahí sale lo que podemos llamar poema, pero no hay nada más. Si digo «quiero escribir hoy», imposible, si me bloqueo a mitad de un escrito, imposible, si quiero arreglar algún poema que no me convence del todo, imposible. Es un todo o nada. Digamos que todo es fluir…

Y por último, aunque nunca me había planteado algo así, quizá pudiera serlo, igual que otras obras han podido tener este efecto de “arteterapia” en mí, puede que mis propias letras me ayuden a canalizar el bombardeo constante de información e incluso puede que de alguna manera ayude a alguien, sería un sueño.

Muchos de tus poemas encuentran su referente expresivo en figuras mitológicas, e incluso llegas a dedicar un poema a Ícaro. ¿Qué papel juegan estos ídolos en tu poética?

R.: Toda la mitología y la religión, no sabría bien dónde se dibuja la línea entre ambas o si una envuelve a la otra, influye en el día a día de muchas culturas por no decir todas, en mi caso desde pequeña con series y películas sobre mitología griega y romana, incluso toques de la nórdica, siempre me ha interesado el tema sin conocer bien el origen.

Esta influencia se acaba reflejando en escenas empáticas muchas veces, casi arrogantes, donde me he comparado o he querido sentir cosas que veía en mitos (edulcorados, claro, sería muy traumático contar la realidad a los niños cuando ven películas como Hércules) y una forma de tratar de expresarlo era simplemente escribiendo.

Aunque, este caso concreto, Ícaro siempre me ha resultado muy familiar por un cómic del ilustrador Gabriel Picolo, donde narra la relación de Ícaro al enamorarse de Sol; y, como en este mundo las coincidencias sí existen, uno de mis mejores amigos se llama Ícaro, lo que terminó creando ese poema como regalo de cumpleaños sorpresa.

¿Cuál ha sido tu trayectoria literaria hasta ahora? ¿Cuáles han sido tus influencias?

R.: De pequeña recuerdo que leía, aunque creo recordar que tampoco demasiado. Mi interés por la lectura empezó sobre los dieciséis años cuando comencé a leer algunos clásicos e incluso filósofos, pero reconozco que hasta ahora, como mucho un par de años atrás no tenía ganas por leer, todo cambió al publicar mi primer libro y cuando empecé a leer a Haruki Murakami.

Cuando escribí este libro casi no había consumido poesía y llevaba bastantes años sin leer de forma asidua, por lo que no tengo mucha influencia consciente de nadie, aunque ahora, casi un año después de haberlo escrito y habiendo leído mucho más, veo en mí a poetas como Alejandra Pizarnik, Vicente Huidobro, Sylvia Plath, rupi kaur, Warsan Shire… Junto con narradores como Malthias Malzieu o Fiódor Dostoyevski que algunos más presentes y otros menos, siempre me han inspirado.

En algún lugar has indicado que Lítost o fluir… nace de la fusión de dos poemarios. ¿Cuáles son las líneas maestras de cada uno de ellos? ¿Podrían delimitarse en este libro, o son tan homogéneas que no se perciben como diferentes?

R.: Como he mencionado antes, no tengo ninguna clase de proceso creativo, ni pautas, líneas o cualquier cosa que indique estructura.

Creo que toda mi poesía sigue la misma línea, que es el intimismo y la salud mental y su mayor diferencia, según como lo veo yo, es la evolución de mi prosa, de mi madurez y de mi formación en literatura.

Para mí, la mayor diferencia entre los poemas que pertenecían al manuscrito más antiguo y los del nuevo es la madurez y la sinceridad.

Tu anterior libro, Toska, la intraducible palabra rusa, también recurre a un idioma extranjero en su título. ¿De dónde viene este gusto por el bilingüismo en los títulos de tus obras?

R.: Esta bilogía (que en algún momento pensó ser trilogía) viene de la incapacidad de expresar un sentimiento en palabras, para mí la poesía, mi poesía, es inefable: no sabría explicar qué es, por qué es, por qué existe o por qué la necesito.

Gracias al cielo, la riqueza del lenguaje nos deja expresiones maravillosas como tоcка, lítost, saudade, kilig, weltschmerz… que, aunque no se pueden traducir con una sola palabra, la definición que llega a nuestro idioma es preciosa.

¿Qué tal el proceso de edición?

R.: ¡Maravilloso! No podría haber pedido una mejor edición y mira que hemos tenido cosas en contra, quién diría que en mitad del proceso editorial se iba a caer la simulación en la que vivimos jajaja.

Pero hablando en serio, ha sido un gusto poder trabajar con la editorial, todo ha salido genial, el trabajo ha sido maravilloso, rápido pero con muy buena letra, sin descuidar los detalles… Vaya, un gustazo.

¿Tienes algún proyecto en marcha? ¿Alguna idea a la espera de ser realizada?

R.: Por suerte nunca dejo de escribir, aunque sea aficionada al bloqueo y al síndrome del impostor. Me atrevería a decir que mi nuevo proyecto lleva ya más de la mitad del trabajo, aunque con esto nunca se sabe, la poesía es muy caprichosa, pero creo al 99% que para Navidad tendré un nuevo manuscrito terminado entre manos.

También me gustaría ser capaz de dar el salto a la narrativa, tratar de escribir algún relato, un cuento, llegar a una novelette, aunque lo veo muy oscuro.

¿Qué les dirías a los posibles lectores de Lítost o fluir…?

R.: Lo primero, gracias, muchísimas gracias.

Y, cómo no, que solo deseo que les guste, que escriban en él, que subrayen, que apunten, que pongan notas, doblen las esquinas, pongan marcadores… Que hagan del libro suyo, que lo sientan, que me sientan a mí y por supuesto que ojalá les sirva como una cucharada de miel para sanar heridas —quien las tenga—.

Muchas gracias por tu tiempo, Paula.

R.: ¡Muchísimas gracias a vosotros! Es todo un placer ser parte de esta pequeña y gran familia.

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