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Reseñas

‘La mejor familia del mundo’, de Mayte Blasco

LAS ATADURAS DEL LINAJE.
LA MEJOR FAMILIA DEL MUNDO, de Mayte Blasco

Padres y madres juegan con sus hijos en la playa, cavan hoyos en la arena, vuelan cometas, sonríen con una felicidad obscena, como si compitieran por convertirse en la mejor familia del mundo.

Quizás el cuento sea el género más genuinamente literario. Su brevedad es amiga de la lectura breve y la reflexión profunda; mientras que la novela, a veces, parece sustentarse precisamente sobre los principios opuestos: larga lectura para diluida reflexión. Solo estoy exagerando, generalizando y simplificando, claro. Pero algo de razón me gustaría tener cuando afirmo que el relato breve es el género más acorde con la actualidad. Los tiempos modernos son rápidos: nuestras pausas apenas duran lo que un café en la taza, un cigarro en la puerta o un viaje de dos paradas en el metro. Leer novelones de quinientas páginas puede tornarse complicado; y, con todo, nada augura que el viaje llegue a buen puerto.

El relato, por su parte, recupera lo mejor de la tradición oral y lo mejor de la tradición escrita; esto es, la brevedad y la inmediatez, por una parte; y la condensación y la prolijidad, por otra. Por su extensión, el cuento puede leerse en apenas un cuarto de hora; pero, debido a que un buen relato se construye sobre cimientos trabados y diseñados al milímetro, su enjundia puede ser muy generosa.

Tales son los principios que maneja Mayte Blasco en La mejor familia del mundo. Sus cuentos apenas rondan las diez páginas y, sin embargo, pueden dar para largas sesiones de debate —en compañía— o reflexión —en solitario—. La narrativa, a fin de cuentas, trata de reflejar las aristas de la vida a través de una historia; y, en este sentido, los personajes de esta antología son —cada cual a su manera— vivos retratos de los vicios y corrupciones que anidan en los lazos de la sangre. La fina inteligencia de la autora resalta multitud de dinámicas familiares trabadas por emociones y enquistamientos de todo pelaje: viejas rencillas ocluidas por la costumbre, relaciones de poder subterráneas, secretos, venganzas…, todo oculto tras el irónico velo de esa mejor familia del mundo que cualquiera ha creído tener.

En la anterior antología de relatos de Mayte, Jaulas de hormigón, la casa era la perfecta metáfora de la cerrazón vital y de la angustia existencial. Ahora, en La mejor familia del mundo, son las ataduras del linaje las que perpetúan el sufrimiento de quienes no pueden renunciar a ellas. Todos hemos sido hijos; muchos hemos sido hermanos; otros muchos hemos sido parejas; algunos, padres; otros tantos, primos, o tíos, o abuelos, o amantes… Todos los roles tienen su representación en este gran teatro del pequeño mundo que supone la familia contemporánea, cuyo telón es desvelado por la mirada ineludible de la literatura.

Está claro que no existe eso que llamamos ‘la mejor familia del mundo’. Aprendamos, no obstante, de las que no lo son.

Eres un cadáver analógico a punto de descomponerse. Tu hijo siempre dice que lo que no está en Internet, no existe. Tú no estás en Internet, luego no existes. Tu hijo, en cambio, es un animalillo poliédrico que habita demasiados mundos.

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