Milan Kundera, ‘La ignorancia’

En este artículo reseño La ignorancia, del autor franco-checo Milan Kundera, editado en 2009 por Tusquets editores.

Ficha de ‘La ignorancia’ de Milan Kundera

milan kundera la ignorancia

Título: La ignorancia

AutorMilan Kundera

EditorialTusquets editores

Año de edición: 2009

ISBN: 978-8483835357

208 págs

Traducción del francés de Beatriz de Moura Gurgel

Reseña de ‘La ignorancia’ de Milan Kundera

Los conceptos fundamentales de ‘La ignorancia’

El hombre nunca viajará muy lejos en el universo. La brevedad de su vida convierte el cielo en una tapadera negra contra la que siempre se golpeará la cabeza y caerá a tierra.

La narrativa de Milan Kundera es una narrativa de los conceptos. Y este libro no es diferente en ese sentido. La trama de La ignorancia avanza conforme avanza la clarividencia de sus conceptos fundamentales. La ‘nostalgia’, el ‘regreso’, la ‘historia o la ‘identidad’ son ideas que están presentes a lo largo de todo el texto y que determinan la progresión interior de los protagonistas.

Digo progresión y no avance; porque en una novela como La ignorancia no hay avance, o al menos no es lo que se busca, ya que el avance presume una cronología, una ‘historia’ (story) que para Kundera es lo de menos. La novela es instrumento de conocimiento, y esta progresión a la que me refiero es la progresión de la conciencia, la progresión del conocimiento que los humanos vamos construyendo acerca de nuestras coordenadas existenciales. Los conceptos son, así, parte de la cartografía biográfica de los protagonistas: los puntos cardinales en relación a los cuales se dibuja el carácter y la relación con el mundo.

La nostalgia

Así pues, uno de los conceptos fundamentales de La ignorancia es la nostalgia. El ser humano siempre ha estado ligado a la tierra. Somos criaturas de lazos, y si nuestro espíritu reside en un cuerpo es porque el cuerpo se enamora, se adapta a paisajes y músicas, costumbres y rostros. El cuerpo es el cordón que une el espíritu y la conciencia con la tierra y el mundo. Y es por ello por lo que, cuando el cuerpo es exiliado de su tierra, de esas líneas artificiales que hemos convenido en llamar ‘naciones’, ‘estados’ o ‘países’, cuando el cuerpo es expulsado de los fértiles suelos en los que echó sus primeras flores, el espíritu se siente confundido y desnortado. Destruido queda su hilo con el mundo. Ahora solo está la nada. Y ¿qué queda cuando solo queda la nada?…

…Pues queda la nostalgia. La canción lejana del hogar perdido. El recuerdo que, en las coordenadas existenciales del espíritu, se torna cada vez más difuso y extraño, y de recuerdo se transmuta en leyenda y de leyenda en ídolo. Los personajes de La ignorancia son almas expulsadas de sus países, familias y culturas, y que de su partida han construido su mito personal, la imagen central de sus periplos y sus búsquedas.

La ignorancia

Entonces ¿por qué se titula La ignorancia? O, en otras palabras, ¿qué vínculos conceptuales hay entre la ‘nostalgia’ en torno a la que gira toda la obra y la ‘ignorancia’ que le da título? Pues precisamente en que la condición de la nostalgia es la ignorancia de otra época y otro lugar. No podemos sentir nostalgia por el día de hoy, ni tampoco por lo que ocurre en la calle de enfrente. No. Solo sentimos nostalgia de aquello que ignoramos a causa de su lejanía.

Ulises siente nostalgia de su Ítaca querida porque ignora todo lo que allí ocurre; y no quiere ser ignorante, sino participar, regresar, ser miembro de su ciudad. Del mismo modo, los protagonistas de la novela (Irena, Josef) sienten nostalgia del mundo que dejaron cuando se marcharon de su país, pero también sienten nostalgia de aquello que pudieron ser en su país, pero no fueron. Un ávido deseo de conocer los lugares que se ignoran y las posibilidades vitales rechazadas: tal es la nostalgia que consume a quien ha perdido sus raíces y las ha de encontrar en tierras áridas y extranjeras.

A la luz de la etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia. Estás lejos, y no sé qué es de ti. Mi país queda lejos, y no sé qué ocurre en él.

La impotencia como reverso moderno de la ignorancia

Este asunto de la nostalgia me hace reflexionar, a su vez, sobre la emigración moderna y la casi obscena imposibilidad de la ignorancia en la actualidad. Antes el emigrante apenas tenía información actualizada y relevante sobre su país. La nostalgia de Ulises se basaba en su completo desconocimiento sobre cómo irían las cosas en Ítaca y cómo estaría Penélope. Sin embargo, Internet ha cambiado tanto el panorama que ya no sé hasta qué punto podemos hablar de nostalgia.

Ahora lo difícil es ignorar. Un refugiado que escape de su país en guerra seguirá conociendo los acontecimientos de su país en guerra. Seguirá comunicándose con su familia y amigos en el país en guerra y seguirá pendiente de los acontecimientos de su país en guerra. No sentirá nostalgia, sino impotencia; puesto que ya no anhela conocer lo que ignora, sino modificar lo que sabe. Actuar en un mundo que conoce, pero que está lejos.

Sospecho que el antiguo deseo por conocer se ha podido transmutar en deseo por actuar. Ambos igual de imposibles. Y si la ignorancia causa nostalgia, ¿qué causa la impotencia?… Quizá habría que llamar al señor Kundera, tan hábil en descubrir las relaciones secretas entre los conceptos y los condicionantes humanos, para que nos aclare un poco la cuestión.

Los debates sostenidos en las altas esferas del espíritu son siempre miopes con respecto a lo que, sin razón ni lógica, ocurre abajo: ya pueden luchar a muerte dos grandes ejércitos por causas sagradas, siempre será una minúscula bacteria pestífera la que acabará con los dos.

La literatura y el conocimiento

Porque la literatura es instrumento de conocimiento. Es más: la literatura ha cantado la nostalgia desde sus primeros balbuceos. La historia de Ulises es la historia de un gran nostálgico. Su epopeya es la lucha humana contra la nostalgia. Y me gusta pensar que todo escritor honesto es, en el fondo, un heredero de Homero, un rapsoda de la nostalgia, un alma humana que anhela conocer lo que ignora, y que, como no puede, escribe.

Escribir es una batalla desesperada contra la ignorancia, y leer no es sino zarpar al océano infinito, adentrarse en el testimonio humano de nuestros límites; en la historia de un viaje hacia lo que no existe y que, por eso mismo, nos llama desde el otro lado.

Ulises, el mayor aventurero de todos los tiempos, es también el mayor nostálgico.

Milan Kundera

Milan Kundera (Brno, 1929) es una de las voces fundamentales de la literatura checa actual. No obstante, vive en Francia desde 1975, y en 1987 adquirió la nacionalidad francesa. Desde sus primeros momentos como escritor ha mantenido una tensa relación con el Estado checo, hasta el punto de que ha escrito varias de sus obras directamente el lengua francesa.

Es autor de numerosas novelas, ensayos, cuentos y poesía. Amplio conocedor de la novela moderna y heredero de plumas como las de CervantesRabelaisBroch Grombowicz, su producción literaria es un intento por comprender el mundo moderno a través de las vidas del ciudadano actual.

Obras de Kundera ampliamente conocidas son, por ejemplo, La inmortalidadLa insoportable levedad del serLa broma o La fiesta de la insignificancia, entre otras.

Frases de ‘La ignorancia’ de Milan Kundera

Durante veinte años de ausencia, los ítacos conservaron muchos recuerdos de Ulises, pero no le añoraban, mientras que Ulises sí sentía el dolor de la añoranza, aunque no se acordara de nada.

Hasta hace bien poco la gente se peleaba por probar quién había padecido más en el antiguo régimen. Sí, todo el mundo quería ser reconocido como víctima. Por suerte esa carrera por saber quién ha padecido más ya se ha acabado. Hoy la gente se jacta de tener éxito, no de padecer.

Tampoco la memoria es comprensible sin un acercamiento matemático. El dato fundamental radica en la relación numérica entre el tiempo de la vida vivida y el tiempo de la vida almacenada en la memoria. Nuca hemos intentado calcular esta relación y, por otra parte, no disponemos de ningún medio técnico para hacerlo; no obstante, sin grandes riesgos de equivocarme, puedo suponer que la memoria no conserva sino una millonésima, una milmillonésima, o sea una parcela muy ínfima, de la vida vivida. Eso también forma parte de la esencia misma del hombre.

La adhesión al comunismo no tiene nada que ver con Marx y sus teorías; la época no hizo más que brindar a la gente la ocasión de poder satisfacer sus más diversas necesidades psicológicas: la necesidad de mostrarse no conformista; o la necesidad de obedecer; o la necesidad de castigar a los malos; la necesidad de avanzar con los jóvenes hacia el porvenir; o la necesidad de formar una gran familia.

En un caballo cabalgan campo a través un esqueleto con una guadaña en la mano y detrás, en la grupa, un pavo con la cola desplegada, espléndida y seductora como la eterna vanidad.

No les interesaba lo que pensábamos, lo que les interesaba de nosotros era que fuéramos la prueba viviente de lo que ellos pensaban. Por eso se volcaban con nosotros y se sentían orgullosos de hacerlo.

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Dostoievski, ‘Pobre gente’

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