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Entrevista a Diana Soledad

Entrevistamos a Diana Soledad, autora de Belleza y náusea.

¡Hola, Diana! Como ya es costumbre en esta nuestra casa, ¿con qué canción acompañamos la entrevista?

¡Hola a todos! Una pregunta difícil…, ya que hay dos canciones con mucho peso en la narración; la de Mina y la de Kay Starr. Además, ambas me solían acompañar mientras escribía. Pero elijo… The things I never had, de Kay Starr. Porque esta canción, en vez de representar el pasado de Enzo, representa su “futuro”.

Vamos al ajo. Uno de los elementos mejor construidos de la novela es su protagonista, Enzo Ignoto. La tensión de su nihilismo, su rechazo a todo tipo de formalidades, sus manías y sus fobias… ¿De dónde nace este personaje? ¿De dónde saca su filosofía vital?

Me interesan los héroes sensibles, impulsivos, nostálgicos. El primer libro que me marcó fue Las penas del joven Werther de Goethe. Tenía yo dieciséis años y estuve mucho tiempo obsesionada con este personaje. No voy a negar que Enzo también tiene cosas de mí. Y de otras personas que he conocido. Al final vuelcas tus vivencias en la novela. Voy cogiendo pinceladas de muchas fuentes. El personaje nace de su propia historia. De niño aprendió que no podía confiar en nadie, ni en su abuelo ni en sus padres. Cualquier deseo de felicidad está viciado por su pasado. Rechaza las normas morales por considerarlas hipócritas. Es intenso, posesivo, cínico; y, a la vez, es capaz de realizar actos llenos de nobleza. Niega el dolor. No quiere que le perciban débil. Se considera un superviviente, aunque no tiene claro si eso es algo bueno. Su aislamiento tampoco le ha proporcionado paz. Al contrario, siente más culpa. Pero debajo de todo ese aparente aislamiento emocional hay un deseo de fusión. Al mismo tiempo que avanza su relación con Mara, él se va exponiendo más y más… hasta que acabará mostrando sus emociones verdaderas. El problema es que tiene miedo del alcance de sus deseos.

La novela expresa el deseo de alejarnos de la realidad. Todos los personajes quieren huir de alguna manera.

Enzo, aunque sea “mucho Enzo”, está, en cierta forma, encadenado a su familia. La novela va descubriendo una tupida red de viejos rencores, heridas abiertas, pasiones, mentiras… Como en los buenos dramas, cada personaje despliega una visión del mundo y la encarna en sus decisiones. ¿Cómo fue el proceso de crear esta maraña de sentimientos e intenciones antagónicas?

Cada personaje tiene su historia. Todo está anotado. Su infancia, adolescencia, madurez y hasta la vejez en el caso de algunos personajes. Sus pasiones, sus metas…; todo lo que pueda servirme. Y mientras, voy construyendo la historia. Tardé años en escribir este libro. Recopilar toda esta información me lleva mucho tiempo, pero para mí es muy importante conocer a fondo los personajes. Por supuesto la mayoría de estas anotaciones no saldrán en la novela, pero me indican por dónde debo ir.

Belleza y náusea está narrada desde los ojos de Enzo, por lo que la prosa está empapada de su carácter. ¿Qué visión de la vida ofrece la novela? ¿Se puede extraer de ella alguna filosofía más o menos explícita?

La novela expresa el deseo de alejarnos de la realidad. Todos los personajes quieren huir de alguna manera. Algunos mediante la reclusión en sí mismos, el alcohol, la distancia…; y otros, a través de sus mentes. La idea se me ocurrió un día que no me sentía bien. Yo también deseaba evadirme. Actualmente, es fácil encontrar una especie de aislamiento en Internet. Si le dijéramos a nuestros bisabuelos que podemos pasarnos horas y horas dentro de una realidad virtual con personas desconocidas, les parecería una cosa de locos. Leí en un libro de Eduardo Punset que los científicos aseguran que solo tenemos el 50 por ciento de probabilidades de alcanzar el objetivo de la felicidad. ¡Me pareció una afirmación terrible! En todo caso, añadían que no se puede vivir al margen de las emociones aunque nos parezca el camino fácil. Porque entonces, al final, la emoción predominante en nosotros será el miedo. Al pintor Antonio López le preguntaron qué impresión le había dejado el siglo XX, y contestó: “de falta de esplendor”. Mis personajes también tienen esa sensación sobre su pasado. Demasiadas discrepancias entre lo que habían anhelado y la realidad.

Otro aspecto importante son los escenarios. ¿Por qué Italia? Venecia, además, es la ciudad del carnaval, de los bailes de máscaras… Entendemos que la elección de estos  espacios no es casual, ¿verdad?

En mi historia no vas a encontrar Internet ni teléfonos móviles. Me interesan mucho las películas antiguas y los libros clásicos. Venecia me aporta ese escenario un poco fuera del tiempo. Es una ciudad que todavía conserva misterio pese a todo ese turismo masivo. Y es posible, si lo buscas, encontrarte totalmente solo en alguna de sus callejuelas. Sobre todo, cuando ya cae la noche y muchos turistas se han retirado a sus hoteles. Italia es un país al que me siento ligada de una manera especial. Viví un año en Milán y solía coger el tren para acercarme a Venecia. Fui allí porque estudiaba diseño. Después hice Pedagogía. Estos estudios que realicé en aquel momento, me ayudan mucho a la hora de imaginarme los escenarios en los que se desarrolla la novela.

En mi historia no vas a encontrar Internet ni teléfonos móviles. Me interesan mucho las películas antiguas y los libros clásicos. Venecia me aporta ese escenario un poco fuera del tiempo.

¿Cuáles son las influencias literarias de Belleza y náusea? Además, en el texto menudean las referencias a la literatura japonesa… ¿algo que declarar sobre este asunto?

He encontrado a muchos autores japoneses que eligen personajes caídos en desgracia. Me fascina la sensibilidad que muestran hacia los demás. Su angustia vital. Suelen hablar sobre el vacío, el desafecto, la vergüenza social, la soledad, la pérdida… Allí los silencios son muy valorados. Lo cierto es que me identifico con muchas de sus singularidades. Para los japoneses es muy importante conservar la armonía, por eso les cuesta expresar sus verdaderas emociones, ya que no quieren herir los sentimientos de los demás. A eso se llama honne-tatemae; una lucha de contrarios (realidad-apariencia). El título de la novela representa esto mismo; la belleza (fachada) y la náusea (interior); aunque también justo lo opuesto: la belleza (interior) y la náusea (fachada). Hiromi Kawakami, Banana Yoshimoto, Junichiro Tanizaki, Ryu Murakami, Haruki Murakami… Me costaría quedarme solo con uno. ¡Y ojalá supiera japonés! Intento leer a algunos de mis autores favoritos en su idioma original, como a Alberto Moravia en italiano o a Joan Didion en inglés. Si me preguntas por un autor español, me quedo con Ray Loriga.

Me interesan los héroes sensibles, impulsivos, nostálgicos. […] He encontrado a muchos autores japoneses que eligen personajes caídos en desgracia. Me fascina la sensibilidad que muestran hacia los demás. Su angustia vital.

¿Qué nos puedes decir sobre el título de la novela? ¿Lo tenías claro desde el principio, o fue una idea tardía? ¿Reflexión o epifanía?

El título se lo robé a Enzo. Él decía estas dos palabras en el tren de Venecia hacia Milán, cuando está hablando con Mara en el vagón-cafetería. Se refería a Venecia, pues esta ciudad expresa muy bien la idea de “dualidad”, ya que puedes estar viendo cosas maravillosas al mismo tiempo que te llega un hedor insoportable por el agua estancada. Constantemente, en la vida, lo bello se mezcla con lo nauseabundo. Enzo se refería a mucho más que a Venecia cuando expresaba esto. Esa ciudad es la excusa. Aunque a veces no se entiende ni él. Pero ahí me di cuenta de que había estado acertado, estas dos palabras engloban bien toda la novela. De manera que al final acabaron en el título.  

Tardé años en escribir este libro. Recopilar toda esta información me lleva mucho tiempo, pero para mí es muy importante conocer a fondo los personajes.

Belleza y náusea es tu primer título publicado. No obstante, un libro de este calibre denota experiencia previa con las letras. ¿Cuál ha sido tu trayectoria hasta llegar aquí?

Tengo una novela sin publicar, una distopía. Pero esta prefiero reservármela para mí. No me sentiría a gusto defendiéndola. Fue como un aprendizaje. Y así la veo. Un experimento que me ayudó a escribir de la manera que ahora lo hago. He leído muchos libros sobre escritura. Los últimos han sido Escribir de Marguerite Duras y Mientras escribo de Stephen King. De adolescente me gustaba escribir poesía. Pero ahora me atraen más las novelas de ficción. Sigo aprendiendo. Y no creo que termine nunca.

¿Qué tal el proceso de edición?

¡Increíble! Quiero dar las gracias a la editorial por apostar por mi historia. Pero, sobre todo, por la forma de cuidarme. Me he sentido en todo momento comprendida. Pensé que ya no existían editoriales así. Hacéis un trabajo estupendo. Se nota de verdad que amáis los libros.

¿Algún plan para el futuro? ¿Nuevas historias, proyectos, personajes…?

De nuevo estoy sumergida en un drama con algún elemento deseable para unos e indeseable para otros. En esta ocasión, el escenario es un lugar imaginario. También está la familia. La mayoría de las crisis se dan en el seno familiar, ¿no? Pues para bien o para mal todos nos identificamos con eso.

Muchas gracias por tu tiempo y por tus letras, Diana. ¡Seguimos!

¡Muchas gracias a vosotros! Un placer.

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