Reseñas

Vieja y desconocida Europa

VIEJA Y DESCONOCIDA EUROPA
Historia para comprender Europa Oriental, de José Enrique Salcedo Mendoza

Salta a la vista que José Enrique Salcedo Mendoza ha realizado su Historia para comprender Europa Oriental movido por un esfuerzo de síntesis, pero también por el respeto al detalle y el afán divulgador, así como por la fascinación que suscitan los cuentos, las leyendas populares y el patrimonio cultural de estas regiones.

Consta el libro de siete partes o capítulos amplios, los cuales tratan sobre los diferentes pueblos de Europa del Este que son claves para la comprensión histórica de esta región: el Imperio bizantino, Venecia, Bohemia y Moravia, los Principados rumanos, Bulgaria, Polonia y, como colofón, las órdenes teutónicas. Todo ello viene acompañado por diversos cuadros informativos que menudean en el texto y que resaltan ciertos aspectos folclóricos, populares o artísticos de tales territorios.

Historia para comprender Europa Oriental - José Enrique Salcedo Mendoza

El primer capítulo, dedicado al Imperio bizantino, revela cómo en Bizancio se unificaron las tradiciones culturales de Grecia y Roma al amparo del poder del Estado (regido por el basileus) y la Iglesia. Se explica la riqueza cultural de la sociedad bizantina, su larga historia de conflictos, la relación de sus emperadores (y emperatrices) con el cristianismo y, en fin, su compleja relación con Occidente.

El capítulo dedicado a Venecia, más breve, aborda la historia veneciana desde sus inicios, influenciada por Bizancio, pasando por su dominio comercial y ascenso al poder político, su riqueza artística y cultural, su participación en las cruzadas, rivalidades con Génova y su proceso de transformación y declive auspiciado por los avances marítimos de más amplio alcance (e.g., apertura de otras naciones a Europa o América).

El capítulo dedicado a Bulgaria arranca con la interacción entre los nómadas protobúlgaros y los eslavos, conducente a la formación del Primer Imperio búlgaro; aborda la cristianización de la zona —alfabeto cirílico mediante— y la «edad de oro» territorial y cultural, así como su declive, resurgimiento como Segundo Imperio búlgaro y la fragmentación consiguiente, que condujo a la conquista otomana, si bien no a la pérdida de identidad nacional búlgara.

El capítulo dedicado a los Principados rumanos alude a la formación de Valaquia y Moravia a partir de cnezatos y voivodatos locales. Destacan sus orígenes discutidos según la propia historiografía rumana, y se aborda la estructura de tipo feudal de los principados, el papel de los boyardos, la resistencia antiotomana y la cultura y sociedad rumanas resultantes.

El capítulo dedicado a Bohemia y Moravia examina su evolución hasta la integración en el Imperio austrohúngaro. Los territorios, habitados por tribus eslavas occidentales, experimentaron la influencia de imperios vecinos como el Carolingio y el Sacro Imperio Romano Germánico. Se aborda el desarrollo de la Gran Moravia, el surgimiento del Estado checo con la dinastía Premsyl y la consiguiente dinastía de Luxemburgo (con especial detenimiento en el importante papel de Carlos IV, rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Germánico), Jan Hus y la revolución husita, y dinastías posteriores. Se aborda en este proceso la interacción entre las culturas eslava y germánica, la influencia del cristianismo y el desarrollo de la lengua y cultura checas.

El capítulo dedicado a Polonia destaca su formación influenciada por el cristianismo y, a pesar de cierta fragmentación y división interna, su fundación de ciudades importantes y crecimiento económico, a lo que acompañó la llegada de las órdenes monásticas como la cisterciense y los primeros manuscritos en lengua polaca. Se abordan también las complejas relaciones entre Polonia y la nación vecina Lituania, de culturas e identidades independientes, pero relacionadas políticamente: el paganismo de Lituania se convirtió finalmente al cristianismo, y su unión con Polonia en el siglo XVI, si bien le hizo perder parte de su autonomía, le brindó estabilidad política y militar, a la vez que conservó su lengua e instituciones.

El último capítulo aborda el desarrollo del Estado-orden de los caballeros teutónicos en Tierra Santa, en Hungría, en Polonia (incluyendo los territorios de Lituania, Letonia y Estonia) y la Liga Hanseática, además de un breve apartado dedicado a la Prusia ducal y su relación con la Orden.

Historia para comprender Europa Oriental se torna un libro de rica documentación y profusión de hechos y procesos históricos. La amplitud y complejidad de su materia tornan la exposición prolija y sustanciosa, pero la adecuada extensión de los capítulos y las abundantes subdivisiones y apartados permiten al lector mantenerse ubicado y comprender cada sección de la obra en relación al conjunto.

Una obra, en fin, ambiciosa y suculenta, para comprender mejor una de las regiones más desconocidas —y no por lejanas— de nuestra vieja Europa.

Un comentario

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.