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Reseña: ‘La voz esquiva’, de Belén Palos (Editorial Dieciséis)

Cadena en el mar

Hace algunas semanas, Ediciones en el Mar tuvo la feliz idea de que varias editoriales independientes participáramos en una especie de amigo invisible llamado «cadena en el mar». El funcionamiento era muy sencillo: cada editorial enviaba un libro de su catálogo a la que le tocara por sorteo, y ella recibía, a su vez, un libro del que debería escribir una reseña.

Nosotros recibimos La voz esquiva, un interesante libro de relatos escrito por Belén Palos (Barcelona, 1984), y editado por Editorial Dieciséis (Sevilla – Huelva). Tras haberlo leído, nos toca cumplir nuestra parte del trato y escribir —con gusto— la prometida reseña.

La voz esquiva

La voz esquiva está conformado por doce relatos atravesados por una concepción dionisíaca de la existencia. Todos abordan, desde diferentes ángulos y distancias, las galerías pasionales del ser humano: el sexo y el deseo, los anhelos prohibidos por las ideologías, la angustia de no comprender las leyes de la vida: situaciones y personajes que se moldean en una suerte de psicoanálisis moderno que —como todo buen psicoanálisis— se desliga de lo meramente psicológico y dedica su cuidado a la disección de la cultura y la sociedad entendidas en un sentido amplio, como configuradoras de las relaciones sociales y de la correspondencia del individuo con su propia identidad. Es el caso, por ejemplo, de «Ficciones», «Fantasía», «El guardainfante» o el propio «La voz esquiva» que da título a la obra.

En no pocos relatos emerge ante el lector lo que de caótico y deforme tiene la realidad; la monstruosidad de lo viscoso, lo concreto y terriblemente material; el deseo y el mundo enmarañados entre ellos y presos el uno del otro. Este nudo de relaciones, tanto materiales como culturales, alcanza su máximo grado conceptual en el relato «Impronta», en el que con una pulcritud sartriana nos invaden, desbordan y casi que ahogan las imágenes desaforadas de lo que ya existe, de las infinitas las ausencias que definen nuestro estar en el mundo y penetran nuestro comportamiento —al que nos gusta llamar “consciente”—.

El sentimiento de angustia y cerrazón es constante en el libro. En mayor o menor medida, todas las protagonistas son presas de sus propios miedos, de su inseguridad ante el mundo, de los muros que la ideología dominante, la moral histórica y demás leyes invisibles han construido en su derredor. «Bajo la sombra del kyparissos», «Sembrar un pensamiento» o «Sin experiencia» retratan la situación de exilio interior, de incertidumbre psicológica, que sufren quienes son conscientes de su condición de oprimidas, pero no saben cómo liberarse de unas cadenas más viejas que ellas mismas y más poderosas que cualquier acto individual. Encontramos un movimiento hacia la liberación, representada ya por el crecimiento biológico («El guardainfante»), ya por el quebrantamiento de las normas dominantes («Vestigios»), ya con la perdición y/o el éxtasis espiritual («Los escritores perdidos»). No en vano, cierta agrupación de relatos se denomina «Bildungsroman», esto es, «novela de aprendizaje/formación»¸ la cual implica una progresión hacia el conocimiento de los condicionantes propios y, por ende, la posibilidad de liberación, aunque a veces este proceso implique la pérdida de la inocencia.

Es de reseñar cómo se articula la narración de estas fronteras interiores desde el punto de vista femenino. La autora es consciente de la problemática existencial que trata en su libro y no desestima la oportunidad de analizar estos ejes desde las voces que han sufrido en silencio a lo largo de la historia —y hacemos “la historia” extensiva al día de hoy—, o sea, las voces de las mujeres. Sospecho, y el sentido del último relato podría darme la razón, que la elección de La voz esquiva como título de la obra responde, entre otras cosas, a esta intención explícita de dar voz a quienes han sido silenciadas durante tanto tiempo, aunque, como le ocurre a la autora y a cierta protagonista de cierto relato, encontrar esas voces perdidas pueda suponer un esfuerzo sobrehumano.

Todos estos asuntos los resuelve la autora con lenguajes diferentes, juegos con el tiempo y los puntos de vista, construcciones metaliterarias, etc. que enriquecen la dimensión estética del texto y aportan nuevos significados y lecturas. Así, la propia naturaleza y fiabilidad del relato es enjuiciada en «La Reina Macabra», lo cual se hace extensivo no ya a la literatura, sino a la historia toda; esto refuerza la actitud de sospecha y desvelamiento que jalona todo el libro y a que vengo haciendo referencia. La advertencia con respecto al pasado y la exploración de cómo este se hibrida con la época actual es objeto de relatos como «Ficciones», «El matrimonio Bertrand» o «La voz esquiva», entre otros; lo cual, por otra parte, nos plantea el papel de la escritura y su relación con otros tiempos, así como la ineludible responsabilidad del escritor —del artista en general— con respecto a la herencia: la conocida, pero también —y sobre todo— la oculta.

No querría acabar la reseña sin hacer mención especial a «Vestigios», relato que me ha maravillado en su gusto por la alegoría, su evocación de conceptos fundamentales de la existencia —la muerte, el tiempo, la soledad…— y por esa imaginería simbólica que tantos horizontes puede despertar en los espíritus sensibles y receptivos a lo arquetípico.

En definitiva, La voz esquiva es un libro muy bien escrito, que hará las delicias de los lectores que busquen una aguda mirada sobre la realidad contemporánea, aunque heredera las raíces ocultas, voces esquivas y lejanas que nos llaman con nuestro propio nombre.

Muy agradecido a Editorial Dieciséis por el ejemplar y a Ediciones en el Mar por la iniciativa «cadena en el mar».

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