Reseñas

Europa Oriental, espejo nuestro

Reseña de ‘Historia para comprender Europa Oriental‘, de José Enrique Salcedo
por Fernando de Villena

José Enrique Salcedo Mendoza, el polígrafo a quien debemos magníficos estudios sobre Bécquer, Pemán o Valle-Inclán, traducciones de autores ingleses y latinos, un libro sobre la historia medieval de Hungría, varios poemarios y novelas y otras obras, nos ofrece un ambicioso estudio, al que ha dedicado seis años de su vida, sobre la historia de Europa Oriental. Se trata de un libro escrito con amenidad y rigor que se lee como una novela. El autor, gran viajero, nos brinda, a pesar de su abrumadora erudición, una historia vivida y sentida. La lectura de sus casi quinientas páginas nos enseña que la historia de la Europa Oriental es muy semejante a la de la Europa Occidental: una sucesión ininterrumpida de guerras e invasiones, de pactos incumplidos, de gobernantes ambiciosos… En suma: tal es la condición del género humano. Allá como aquí, las ciudades y los territorios han pasado a ser dominio de unos y de otros y las víctimas siempre han sido los humildes, las gentes sencillas expoliadas o masacradas sin piedad.

Pero lo imperdonable, lo incomprensible, está en el desconocimiento casi absoluto que en Occidente se tiene de la historia y el devenir de esa otra Europa tan cercana e interesante. Sabemos más, por ejemplo, de los Estados Unidos o de Australia que de los Balcanes o de las monarquías y las naciones orientales. Contra esa laguna se levanta este libro donde no sólo se nos da puntual noticia de la historia, sino también del arte y de las letras de todos esos países fascinantes. Y ello en una hermosa edición acompañada de algunas, no demasiadas, ilustraciones.

Comienza José Enrique Salcedo su monumental trabajo refiriéndonos la historia de Bizancio, de sus dinastías, de cada uno de sus emperadores, de la crisis de los iconoclastas… Analiza la liturgia ortodoxa, la ruptura de la unidad religiosa con Roma en 1054, el paso de las Cruzadas por Constantinopla, las luchas contra los normandos y todo esto jalonado de jugosas anécdotas y datos.

Se nos detallan las constantes guerras, pero también las influencias artísticas y culturales entre Oriente y Occidente. Se nos cuentan las expediciones de los Almogávares y los ducados de Atenas y Neopatria que historió Francisco de Moncada. Se nos explica la expansión otomana hasta la conquista de Constantinopla en 1453 y la anterior caída del sultán Bayaceto en manos del gran Tamorlán que nos narró Gonzalo de Clavijo. Y se nos dice cómo Moscú fue la tercera Roma, la sucesora del imperio bizantino.

Después, el autor realiza una sucinta historia de Venecia, de cómo esta nación se benefició con las Cruzadas y luego tuvo una gran rivalidad con Génova. Se examinan los gobiernos de los sucesivos dogos y la gran aportación de la República en arte, arquitectura, pintura y música.

A continuación se estudia la historia de Bulgaria desde su independencia en el año 681. Salcedo nos explica que el origen de los búlgaros acaso sea turco y que pronto protobúlgaros y eslavos se fundieron. No faltaron constantes guerras, conflictos internos y cambios de fronteras. El territorio sufrió el paso de los cruzados con el consiguiente pillaje y surgió la herejía borgomila. Los boyardos, grandes señores feudales, adquirieron gran poder, pero Bulgaria no tardó en sufrir el poder otomano y aportó al ejército turco los famosos jenízaros.

José Enrique Salcedo vivió y ejerció la docencia en Rumanía durante varios años y nos refiere cómo en ésta, la antigua Dacia, nacieron los principados de Valaquia y Moldavia en el siglo XIV. También aquí el dominio de los boyardos fue muy importante. Las ciudades eran pequeñas y la Cristiandad se debilitó por las luchas entre aquellos poderosos señores y los campesinos, por las rivalidades entre ortodoxos y católicos y entre venecianos y genoveses. Así esta tierra acabó por convertirse en tributaria de los otomanos. Se detiene el autor en la descripción de los voivodatos regidos por gobernadores o voivodas y nos habla por extenso de la figura de Vlad el Empalador, cuya crueldad dio origen a la leyenda de Drácula.

Se nos hace una breve relación del reino de Hungría, que el autor ya había estudiado en una obra anterior. Nos dice como el rey Matías Corvino detuvo los avances turcos en Europa y nos refiere el apogeo cultural en la ciudad de Buda con la creación de la universidad, la gran biblioteca y el desarrollo de las artes. Pero en 1526 los países rumanos cayeron bajo el poder de los turcos.

Después, el historiador se ocupa de Moravia y de Bohemia y de las constantes luchas entre checos y alemanes. Desde el siglo VI las tribus eslavas fueron empujando y desplazando a las tribus germánicas. Aunque estos pueblos tenían sus propias divinidades y sus leyendas poco a poco fueron ganados por el cristianismo. Se sucedieron los príncipes y el rey Carlos IV, que llegó a ser emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, alzó el castillo de Karlstein y el famoso puente al que dio nombre.

Ya en el siglo XV el reformador cristiano Jan Hus predica contra el clero alemán y contra el papa a la vez que defiende los derechos del pueblo checo. Todo ello le valió la excomunión y la posterior muerte en la hoguera, pero sus partidarios, los husitas, pusieron en marcha una revolución contra Roma y contra el emperador alemán. Fueron los días de la famosa defenestración de Praga. El movimiento husita se ha considerado precursor del luteranismo. Entran después a gobernar estos reinos los Habsburgo: primero el emperador Ferdinando, hermano de Carlos V, y más adelante, Rodolfo, el mecenas de las artes y las ciencias sobre cuya figura el escritor Leo Pérutz escribió la excelente novela De noche, bajo el puente de piedra. Al final, los católicos vencieron a los protestantes en la famosa batalla de la Montaña Blanca (1620).

Prosigue su gran obra José Enrique Salcedo con el reino de Polonia. Explica que surge como estado en el siglo X y que, aprovechando las cruzadas, los príncipes alemanes ocuparon las tierras polacas. Después este territorio padeció la invasión de los mongoles, se asentó en el mismo una gran comunidad judía y se vinculó estrechamente con Lituania.

Acaba el libro con la historia de los caballeros teutónicos, una de esas órdenes religiosas y militares semejante a las poderosísimas que existieron en España (Santiago, Alcántara o Calatrava). Los caballeros teutónicos nacieron con las Cruzadas en la iglesia de Santa María de los Alemanes, en Jerusalén, pero tras la caída de la ciudad Santa, se instalaron en Accra y al fin ocuparon territorios de Hungría, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania. La orden, que se convirtió en un emporio financiero y militar, ayudó a la liga Hanseática y al nacimiento de la nación prusiana.

En conclusión: que esta Historia para comprender Europa Oriental, de José Enrique Salcedo es uno de esos libros raros hoy con los que se aprende y se disfruta mucho.

Fernando de Villena.

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