‘Nueva Babilonia’, de Constant: una utopía del siglo XX

Nueva Babilonia: la utopía de la ciudad ideal en el siglo XX, editada por Juan Pro en Cátedra, recupera y edita por primera vez en nuestro idioma el manuscrito de Constant para su proyecto ‘Nueva Babilonia’, en el que invirtió casi veinte años de su vida y que, finalmente, abandonó desencantado. Influenciado por su contacto con los campamentos nómadas de los gitanos en Alba (Italia) y Sevilla, Constant concibió una ciudad por sobre toda la superficie del planeta, de estructura modular y cambiante, en la que los seres humanos pudieran moverse libremente y ser parte orgánica de la infraestructura gracias a su capacidad de modificar los elementos constructivos.

Cubierta de Nueva Babilonia, de Constant. Editado por Cátedra
Cubierta de Nueva Babilonia, de Constant. Editado por Cátedra

Nueva Babilonia, de Constant

Este libro es una pieza muy a tener en cuenta para la historiografía del pensamiento utópico. Estupendo para debatir ciertas ideas que, aunque expuestas de forma algo rudimentaria —Constant era artista plástico, pero no arquitecto ni sociólogo ni ambientalista ni psicólogo, aunque escribe sobre todas estas materias y expresa profundas convicciones basadas en superficiales argumentos—, no dejan de ahondar en problemas básicos de la urbanística y la arquitectura modernas: los encuentros sociales, los núcleos funcionales y los desplazamientos, la modificación del entorno urbano por parte de los ciudadanos, etcétera. Se trata de un texto seminal que, como digo, aborda diferentes problemáticas y plantea algunas soluciones; o, al menos, indica algunas direcciones sobre el futuro de la arquitectura y la sociología urbanas.

No obstante, se me hace un texto difícil de seguir por ese ‘aire de artista’ que parece empañarlo todo: aseveraciones proféticas en lugar de argumentos lógicos, ideas simples y reiterativas en lugar de pensamientos densos, concepciones un tanto naif sobre la ‘naturaleza humana’ y la ‘verdadera naturaleza humana’…, son, en fin, algunos de los elementos que, a mi juicio, le restan riqueza al texto de Constant y lo tornan más una curiosidad histórica que un tratado urbanístico.

Constant, Vista aérea del grupo de sectores I (1964), Kunstmuseum, La Haya
Constant, Vista aérea del grupo de sectores I (1964), Kunstmuseum, La Haya

El proyecto antropológico de Nueva Babilonia

Se me hace curioso y a la vez extraño que, en el fondo, Nueva Babilonia no sea tanto un proyecto arquitectónico sino antropológico. Lo que está en juego es otro modelo de sociedad, de valores y, en fin, otro modelo de ‘ser humano’: el homo ludens. Pero, como suele ocurrir en todo pensamiento utópico, Constant cae en dos errores para mí gravísimos, y que me impiden dotar a sus escritos de la seriedad que parecen requerir.

Suponiendo que la ciudad global de Nueva Babilonia se llevara a cabo…, 1) ¿es legítimo dar el salto de Constant, convencido de que la humanidad de Nueva Babilonia corresponderá naturalmente a ese homo ludens que él plantea?; y 2) ¿es correcto y adecuado un modelo de ser humano basado únicamente en el juego? O, en otras palabras, ¿es verdaderamente utópico, o no sería una distopía aterradora?

¿’Homo ludens’?

Afirma Constant en referencia al homo ludens, es decir, el ser humano creador del mañana (la negrita es mía):

La abolición del trabajo del ser humano no solo crea el espacio para la superabundancia, sino que da vía libre al juego para todos. En vista de la automatización, la concepción utilitarista de la vida pierde su sentido. Una acción humana deja de ser útil si una máquina puede resolverla de forma mejor y más rápida. Y como esto concierne a todas las acciones no creadoras, se deduce que la edad sin trabajo traerá consigo una desvalorización moral de lo útil y una revalorización de la invención hacedora. Esto solo puede llevar a una concepción de la vida cuyos criterios deriven de la capacidad de creación.

La superabundancia material nos hace libres. Hasta ahí de acuerdo. Pero una cosa es ser libres y otra cosa es ser creadores. La libertad de masas puede dar lugar, como indica Constant, a la ‘creación de masas’; pero también a la ‘destrucción de masas’. Basta imaginar a los superabundantes de hoy, esos millonarios que viven continuamente en la «edad sin trabajo» y no saben qué hacer con su dinero y que se dan a las drogas y a las orgías y a los más abyectos pasatiempos, para darse cuenta de que la libertad humana, una vez cubiertas sus necesidades materiales, no tiene límites morales —ni para el bien, ni para el mal—.

Un poco de pesimismo

Tanto el hambre como el ocio son el germen de los males humanos; pero la antropología ingenua y utópica de la Nueva Babilonia de Constant no concibe el ocio ‘liberado del trabajo’ más que como un camino hacia la libertad creadora. Eso está bien; pero es justo ver también el reverso de las cosas. Cuando nos liberamos del trabajo también comienzan los líos de faldas, las rivalidades entre egos, la pereza y los vicios…, y, en suma, la tragedia. A veces, creo, no vendría mal un poco de pesimismo —¿o acaso mero realismo?— cuando aventuramos hipótesis tan poderosas sobre el ser humano.

Todo esto me recuerda al cuento taoísta La fuente del jardín de los melocotoneros, relato también utópico…, pero con la salvedad de que esa sencilla narración se sabe fantástica. Dolorosamente anhelada. La nostalgia por un lugar que ni existe, ni podrá existir. Y eso, quizá, me hace tomarla más en serio que cualquier tratado sobre la realización de una Nueva Babilonia, o cualquier proyecto ambiental-antropológico para reproducir la vida abundante y despreocupada del jardín de los melocotoneros.

Nueva Babilonia y Constant en la tradición del pensamiento utópico

Por otra parte, el estudio introductorio de Juan Pro, exquisito y generoso, desmenuza el pensamiento de Constant y lo emplaza en sus coordenadas históricas, sociales y filosóficas, además de entroncarlo en la rica tradición del pensamiento utópico occidental. (Para mí, dicho estudio me resulta más interesante, sistemático y pedagógico que el propio texto de Constant). La edición, además, cuenta con varias imágenes a color que cubren fotografías, dibujos, planos, etc.; así como un par de apéndices y una cronología de Constant que completan la edición —definitiva en nuestra lengua— del manuscrito original.

Si quieren conocer este proyecto de ciudad global erigida por sobre la superficie de la tierra, así como a los homo ludens que la habitarían, no duden en leer Nueva Babilonia, de Constant. Estoy convencido de que ampliará su fantasía y les acercará un poco más a lo imposible, o, al menos, al gusto por lo improbable.

Constant, Homo ludens (1966), Kunstmuseum, La Haya
Constant, Homo ludens (1966), Kunstmuseum, La Haya
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