Libros

‘Las vidas secretas’: un diálogo entre dos siglos

Un viaje hacia los orígenes

Las vidas secretas, la primera novela de Gemma Urraka, arranca cuando Cora, nuestra protagonista, encuentra una vieja fotografía en blanco y negro donde aparece una mujer idéntica a ella. En su reverso está escrito: «Saint-Germain-des-Prés, 1953». Con esta única pista, Cora emprenderá un viaje que la llevará por ciudades europeas como París, Berlín o la propia Madrid en busca de los orígenes de esa fotografía y de los viejos secretos que oculta.

Es, por tanto, una novela de búsqueda, de exploración de las raíces propias y las familiares, que, no obstante, se amplifica en un hermoso diálogo cultural entre los siglos XX y XXI; pues el interés de Cora no solo reside en sus propios orígenes, sino en los de toda una época que nació de la Europa arrasada por la Guerra y cuya juventud también estaba hambrienta de arte, de rebelión, de nuevas ideas y formas de vivir. Una juventud ejemplificada en el Mayo del 68 y cuyos ecos se oyen aún en nuestros días: pues la juventud nunca muere, sino que se actualiza en cada época, es un testigo que viaja a través de las generaciones y cuyas ansias son de vida, de vida explosiva, de vida renovada y siempre fértil.

Cora se internará en las callejas de hace medio siglo y en ellas conocerá ese vivir bohemio, libre y absoluto que marcó a la generación de su abuelo, y entre barras de bar y mercadillos de antigüedades conocerá a algunas de las personalidades más emblemáticas de entonces. Fotógrafos mendicantes, pintoras de flores, marchantes de arte, coleccionistas de periódicos viejos… Todos comparten la nostalgia de una época en la que todo era posible.

Cine, literatura y arte

Una de las virtudes de Las vidas secretas es su afán novelístico del “arte total”. Sus páginas hacen continua referencia al cine, a la poesía, a la fotografía o a la pintura; y no como una mera sucesión de decorados, sino como elementos fundamentales en la trama y en las inquietudes de los personajes. Leer este libro es como sumergirse en el mundo de la creación artística visto desde todos sus ángulos, y, especialmente, desde la perspectiva de la segunda mitad del siglo XX.

No en vano, las páginas del libro reproducen más de una veintena de fotografías vernaculares que se funden con la historia y que, según afirma la propia Gemma, no solo acompañan al texto, sino que tienen un significado tal que «sin ellas, no existiría la novela». Como vemos, todo apunta hacia una misma dirección: el recuerdo de un mundo y una visión vital que no es ajena a las generaciones actuales y que, sin embargo, es de justicia rescatar.

Además, se nota el gusto y conocimiento que tiene la autora del lenguaje cinematográfico. Las vidas secretas cuenta con una prosa fluida, amena, en la que predominan el diálogo y la ambientación. En definitiva, todo un placer lector para quienes busquen vivir otras vidas y, acaso, conocer algo más de la propia.

Las preguntas del público

En Las vidas secretas hay una prosa muy tierna y cuidada, con frases que cautivan como «la elegancia de los que no se dan cuenta». Para mí, esas perlas son de lo mejor del libro, que además entra genial. ¿Fueron un punto extra para editarlo?

@silviautora a través de Twitter.

Sí. La calidad de la prosa es una variable a la que damos mucha importancia. Una buena historia se merece estar bien narrada; lo contrario no le haría justicia. Creemos que la voz del narrador debe causar placer por sí misma, ser una acompañante que favorezca ciertas emociones o impresiones reveladas por la trama. Los mejores cuentacuentos saben hacer interesante una historia por la gracia de su voz, sus gestos, sus movimientos. Consiguen que queramos escucharlos sea lo que sea que estén contando. La prosa de una novela debe despertar ese mismo interés. El arte de contar historias no puede descuidar una buena historia, pero tampoco el buen contar. ¡Muchas gracias por tu pregunta!

¿Cómo encontrasteis a la autora? ¿Cuántos borradores llegó a enviar y en qué plazo de tiempo?

@bohoyob a través de Instagram.

Gemma nos envió el manuscrito de Las vidas secretas y nosotros lo leímos a los pocos meses. Nos convenció. Contactamos con ella para comunicarle nuestro interés por su obra y, desde entonces, los trabajos de edición duraron unos cuatro o cinco meses. Trabajamos sobre un nuevo borrador y fue el proceso de corrección, que hicimos codo a codo con Gemma, el que nos llevó más tiempo. ¡Muchas gracias por preguntarnos!

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