Este sol que anuncia el crepúsculo
ESTE SOL QUE ANUNCIA EL CREPÚSCULO
De mantequilla, de Elena Solera
En la cubierta del libro De mantequilla, de Elena Solera, podrán ver varios cactus bajo el sol del desierto. Su severidad parece amenazarnos y cercar nuestro camino.
Que los cactus ilustren dicho título resulta, cuando menos, una mezcolanza paradójica: la suave untuosidad de la mantequilla no guarda, a priori, ninguna relación con la aridez del polvo ni con la aspereza de las púas, salvo, en todo caso, la de contraste o antonimia. No podrían estar más lejos una imagen de otra; y, sin embargo, este antagónico binomio cubierta/título (lo suave, pero hiriente; lo cotidiano, pero desgarrador) es lo que encontrará el lector en todos los relatos del libro, que transitan entre las dos superficies aparentemente irreconciliables de la realidad. Bajo las amables apariencias de la luz acechan los espantajos de la tiniebla: lo más habitual, feliz y solidario anticipa lo terrible y fantasmagórico.
No nos extrañe, pues, que una premisa agradable y festiva se torne un viaje literario hacia un reino más oscuro e irracional. Veremos que ir a hacerse un tatuaje nos hará partícipes de una historia de amor y rabia, de búsqueda de lo absoluto y de penetración en los límites del dolor; que una excursión al desierto descubrirá monstruos más peligrosos que los cactus y el sol intenso; que el dinero perdido en una casa no solo desmantelará la propia casa, sino también el equilibrio y la racionalidad de una familia entera. Seremos testigos de cómo una fiesta de estudiantes de Medicina puede convertirse en un descenso a las pesadillas que todos comparten; de cómo una quedada de cuarentones para un concierto, como en los viejos tiempos, puede desembocar en el más terrible acontecimiento; o de cómo un zumbado cualquiera considera que, a falta de perro, buena mascota será un cocodrilo.
No exentos de un sano humor hacia la naturaleza grotesca y contradictoria de nuestros miedos, todas estas historias oscilan entre lo cotidiano y lo asombroso, entre la tranquilidad de la chimenea y el salvaje aullido tras las ventanas. De mantequilla nos invita, así, a un baile entre la inanidad de nuestras vidas y el espectro que se agita al fondo de las cosas.
Leamos a la luz del día, bajo un sol que anuncia lentamente el crepúsculo, sin que nos demos cuenta de su penumbra.
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